sábado, 17 de septiembre de 2011

Capitulo 1


Gritos, sangre, cuerpos sin vida…. Me envuelven, pero lo único que alcanzo a ver son los ojos sin vida de mi hermano. Había muerto para protegerme a mí. Caen, no dejan de caer cuerpos sin vida, pero para mí es como si cayeran  muñecos, insignificantes muñecos comparados con los ojos sin vida de mi hermano.

De repente,  el instante se congela. El campo desaparece y mi hermano, que yacía en mis brazos,  ya no está. Entre la oscuridad aparece una silueta de un ángel y sus ojos dorados se posan en mí. Entonces me doy cuenta de que no es un ángel, es un dios.

-Estás sola para toda la eternidad….tus padres y tus hermanos están muertos. Ven conmigo y sé lo que tu madre no quiso ser, mi reina…

¿Quién demonios es este tío y qué quiere decir con que todos están muertos? Eso no puede ser, no es posible…

-Es imposible, mi padre y mi madre están a salvo en nuestra guarida- no puedo creerle. En cuanto susurro esas palabras sonríe con maldad. Entonces entiendo que él los había asesinado-¡Hijo de perra!

- Tienes una legua tan afilada como la de tu madre. Te he dejado vivir por un motivo más al que te he dicho, pero te lo diré  más adelante… Entonces, ¿qué harás? ¿Venir conmigo o pudrirte sola en la oscuridad para siempre?

- ¡Nunca me iré contigo! ¡Prefiero pudridme en la oscuridad o morirme!
Suelta una carcajada escalofriante y aparece una especie de niebla negra que empieza a rodearme. Su figura se hace cada vez más borrosa y, cuando casi ha desaparecido, dice…

-Que así sea, pero no creas que te librarás de mí tan fácilmente. Una vez al año, en el aniversario de esta guerra, vendré a visitarte hasta que aceptes mi proposición.

Entonces me envuelve el silencio más escalofriante que había sentido jamás…


El despertador suena pero no tengo ganas de levantarme. Aparto la manta lo suficiente para poder deslizar mi mano hacia la desordenada mesita de noche y apagar el maldito despertador y la devuelvo a su sitio. Ese maldito sueño no hacía más que perseguirme desde que había vuelvo a casa. Estoy pensando en no volver a dormir en un par de semanas, pero enseguida lo descarto ya que tengo que estar despierta y despejada para el colegio. El colegio, otra cosa estúpida. No tengo ni idea de por qué me he vuelto a matricular si ya he adquirido los conocimientos suficientes para ir a una universidad. Pero claro, con mi edad, 14, todavía no soy lo suficientemente mayor para trabajar, a pesar de que aparento por lo menos 16 y que soy una especie de prodigio en todo lo que hago. Pero la vida es así de injusta para las personas como yo.

En medio de mis ensoñaciones, mi madre tira de la manta y me deja a merced del frescor de la mañana. Al parecer me dejé anoche la ventana abierta. Pero en cualquier caso tengo que levantarme. Estoy demasiado entumecida para eso, así que decido hacer un esfuerzo e intento volver a coger las sábanas. Cuando lo consigo mi madre me da un empujón para despejarme y consigue que me cabree. Salto de la cama y empiezo a maldecir a grito pelado. Cuando consigo calmarme me voy al cuarto de baño y me visto con el uniforme.  Me pongo la sencilla camisa blanca, demasiado sencilla para mi gusto, así que debajo me pongo  una camiseta de tirantes negra, me abrocho solo unos botones por debajo del pecho y me remango las mangas de la camisa. Después me coloco la falda negra y, como me siento rara sin mis pantalones, me pongo unos legins que llegan hasta las rodillas en vez de los calcetines. Para concluir me calzo con unas botas negras con dos cadenas de plata colgando de un lado. 

Me dirijo a mi habitación y cojo mi mochila. De repente me acuerdo de mi guante sin dedos y me lo pongo en la mano derecha. Voy hacia las escaleras y entonces escucho un estruendo. Me asomo a las escaleras y veo a mi hermano pequeño levantándose con una mueca de dolor en la cara.

-Kidz, ¿cuántas veces te he dicho que mires por dónde vas en vez de mirar para otro lado?- le digo en un tono fingido de enfado. Para mí es imposible enfadarme con mi familia, excepto con mi hermana mayor. Pero la verdad es que es ninguna persona podría enfadarse con ellos conociendo lo que son.

Mi hermano logra ponerse en pie y me dirige una mirada de cachorrito mientras se aparta un mechón pelirrojo de sus ojos azules. Al parecer ha heredado el cabello pelirrojo de mi abuelo, ya que mi padre tiene el pelo de color castaño y el de mi madre es igual que el mío, de color azabache, pero la diferencia es que el mío es ondulado-rizado (según el día) y el de mi madre es liso.
Cuando bajo las escaleras me encamino a la cocina, cojo una tostada y me la llevo a la boca. pero me doy cuenta de que quedan cinco minutos para que las clases comiencen, así que cojo a mi hermano, que no se ha acabado el vaso de leche, de la camisa y lo arrastro fuera de casa. Me doy la vuelta para observar mi casa y me digo a mí misma: “hasta parecemos normales”, y suelto una carcajada. Mi hermano me mira con cara de “¿Qué le pasa a esta?”, pero me limito a mirarlo mientras le sonrío de forma traviesa.
                                                                         ***
María 
Me levanto inmediatamente cuando oigo el despertador y, con sumo cuidado para no hacer ruido, me visto y salgo de mi nueva habitación. Hacía poco que nos habíamos mudado a este pueblecito y hoy empezaban las clases en mi nuevo colegio. Estoy algo impaciente, durante el tiempo que he estado aquí casi no he salido de casa.

Mi hermana y mis padres aún siguen dormidos. Desayuno y me preparo la merienda. Echo de menos mi pueblo, pero tengo el buen presentimiento de que aquí me divertiré tanto o más que en mi ex pueblo. Aunque casi nunca hago caso de los presentimientos ya que son muy poco matemáticos, esta vez quiero que se haga realidad porque, la verdad, esto me haría las cosas más fáciles de ahora en adelante.
Salgo de casa y miro la modesta casa en la que vivo ahora, con tejados de un rojo oscuro y paredes de un blanco impoluto. La verdad es que es mucho más bonita que la antigua, pero no se puede comparar con la casa que hay a las afueras del pueblo, en el lado norte, cerca del colegio. Es bastante grande, con chimenea, paredes blancas y un bonito tejado azul oscuro y a su lado hay dos casetas, una de paredes amarillas y tejado verde y otra con un tejado rojo y paredes azul cielo. Pero lo más increíble de esa casa es que enfrente hay 
un inmenso campo de flores que es de su propiedad, más bien todo lo que estaba detrás de la verja por la que observo la casa era de su propiedad, y eso abarca el bosque también.
Para cuando salgo de mis ensoñaciones no queda nada para llegar al centro del pueblo. Me paro y observo el imponente conservatorio que se levanta en frente del modesto ayuntamiento, que demuestra que el centro de este pequeño pueblo, llamado Reflejo, es la música.
Al pasar por delante de uno de los cristales de la floristería observo mi reflejo: mi cabello, pelirrojo oscuro cortado tan corto como el de un niño con un modesto flequillo desordenado, estaba revuelto y mis pecas le dan un toque alegre a mi cara. Casi parezco un niño, pero cuento con la mala suerte de que todavía no tengo los pantalones para chica que he encargado. "Bueno, al menos sabrán que soy una chica", pienso. Sigo mi camino y, para cuando llego al colegio, ya están abriendo el portón.

Antes de zambullirme en la masa de adolescentes me lo pienso mejor, me paro y observo alguno de ellos. Entonces me doy cuenta de que no soy la única nueva: una chica de mi misma edad, morena y de cabello rubio, también parecía algo desorientada. La chica me ve y ambas, sin pensarlo dos veces, nos acercamos y empezamos a hablar.

***
Cuando mi madre nos llama a mis hermanos y a mí para que nos levantemos yo ya estoy vestida y estoy acabando de preparar la mochila. Estoy tan nerviosa por el colegio que casi no he pegado ojo, y si a eso le unimos que soy madrugadora, peor.

Bajo a la cocina a desayunar y me encuentro con que mi madre está haciendo el café. Me dirige una gran sonrisa y vuelve con lo suyo. Mi madre es ama de casa. Pronto llega mi hermano pequeño y mi hermana mayor, todavía algo dormidos. No tardo en irme, ya que en los desayunos poco como: un vaso de leche con cacao, una tostada y  "se finit".


Salgo de casa con la mochila en un hombro y corriendo. Hace poco que me he mudado desde la ciudad ya que a mi padre lo han transferido a este ayuntamiento. Podíamos habernos quedado allí, peroen cuanto mi madre vio el pueblo le encantó. Además este sitio nos va mejor para mi perra Blanquita.


Llego bastante pronto al colegio y me quedo esperando, apoyada en un árbol enfrente del colegio. Este pueblo estaba formado por caminos de tierra rodeados de árboles, sin asfalto ni baldosas, excepto en el centro del pueblo, donde sí hay baldosas.


Cuando abren el portón ya hay bastante gente. De repente me siento muy sola al ver tantas adolescentes con sus amigas, pero enseguida se me pasa cuando diviso a unos cuantos tíos buenos. Miro a mis alrededores y entonces me topo con la mirada de una chica de pelo corto, pelirrojo oscuro, y llena de pecas por la parte de los mofletes. De no haber sido por la falda no habría creído que fuera una chica. Sus ojos marrones parecen haber captado que soy nueva y ambas nos acercamos y empezamos a hablar.

-Hola-dice la chica. Su voz es una mezcla entre grave, áspera y con un punto agudo.

 -Buenas, me llamo Marry…- digo mientras le ofrezco la mano de forma formal.

  -Yo María- esta me estrecha la mano.

 -¿Eres nueva?-le pregunto, temiendo que me estuviera equivocando.

 -Sí, así es. Tú también tienes pinta de ser nueva ¿Por qué no vamos las dos juntas a recepción?

 -Genial. Una cosa, ¿amigas?

 -Amigas- su rostro se ilumina al igual que el mío. Tal vez esto de ser la nueva no iba a ser tan difícil. Al menos tenía una amiga, bueno, una amiga con la que había cruzado cuatro palabras, pero después de todo era una amiga a la que parecía caerle bien.

Nos zambullimos juntas en la multitud de adolescentes y a duras penas logramos salir. Cuando llegamos al pasillo donde están las clases, empezamos a deambular por el colegio en busca de la recepción. Entonces nos encontramos con dos chicas, una de cabello dorado rizado, pero tan rizadito que daban ganas de tocárselo, piel blanca y pequeños ojos de color verde, y otra morenita con el cabello oscuro tirando a negro y grandes ojos castaños.
Nos miran con curiosidad y se acercan.
-¿Os habéis perdido?-dice la chica rubilla.
-Sí…- digo mientras sonrió de forma tímida.
-¿Qué buscáis?- dice la otra chica, mientras me sonríe.
-La recepción, por favor- dice María.
-Muy bien, ¿qué tal si os llevamos nosotras? Es que no sé cómo explicarte la manera de llegar- dice la rubia, mientras se ríe por su fallo- Por cierto, me llamo April.
-Yo Nan- dice la morena, mientras nos hace un gesto para que la sigamos.
Caminamos durante un rato por largos pasillos y bajamos y subimos escaleras. Mientras, April y Nan nos enseñan el lugar. Parece que no les importa demasiado llegar tarde en su primer día.
Cuando por fin llegamos a recepción, nos encontramos con la típica secretaria. Por lo que se ve no somos las únicas nuevas, hay una chica de cabello negro largo y con el flequillo desordenado como el de María. Tenía la pinta típica de chica rebelde y parece que le da igual que exista una norma que dice que tenemos que uniformados de forma adecuada, ya que lleva legins en vez de calcetines, una camisa por debajo de la otra, etc.
Cuando nos dirigimos a la secretaria, la chica alza la mirada y nos mira con curiosidad. En su cara aparece una sonrisa. Pronto llega un chico pelirrojo con ojos azules, bastante mono la verdad, que se acerca a la chica. Ésta posa su mirada en él.
-¿Por qué te separaste de mí en la entrada, hermana?- el chico parece estar bastante molesto con ella, pero esta se limita a sonreírle y contestarle escasamente.
-Yo no tengo la culpa de que la multitud te alejase de mí- dice mientras pone morritos.
-Aisshh, que voy hacer contigo. Para empezar, ¿por qué no te has puesto bien el uniforme?- dice el niño mientras se pasaba la mano por el pelo.
-Porque si no ya no sería yo. Bueno, vamos a ver si la maldita secretaria se digna ya a hacer algo- contesta irritada.
-Oh, ¡venga! ¿Por qué tienes que pagar siempre tus cabreos con los demás…?- dice mientras suspira.
-Oh, venga nada. Anda, vamos a ver que tenemos que hacer, Kidz.
-Vale, Nía…
La secretaria nos da las llaves de las taquillas y nos indica que María y yo estamos en la misma clase. Y no solo eso, April y Nan también. Todas reímos contentas, quién hubiera creído que se podían ser tan amigas en cuestión de minutos.
Visitamos nuestras nuevas taquillas y nos dirigimos a clase. Por el camino nos cruzamos con Nía. A primera vista, como estaba sentada, no había captado toda su belleza, pero ahora que la veía caminando era como si fuera una súper modelo de estas de las revistas porque tiene piernas largas y curvas impresionante. Debía ser dos años mayor que yo, pero entonces la realidad me abofeteó la cara: ¡estaba entrando en nuestra clase! Al principio creo que tiene mi misma edad, pero luego lo descarto y me digo a mí misma que ha repetido.
Cuando entramos a clase la profesora está sentada en su mesa y nos mira inquisitivamente. Entonces María habla.
-Lo sentimos, es que no sabíamos dónde estaba la recepción y April y Nan se han ofrecido a llevarnos.
-Muy bien. Sentaos.
Nos ponemos en la última fila. Delante está Nía, a la parece importarle un comino lo que pasa a su alrededor.
-Por favor, ¿podríamos seguir con las presentaciones?- dice la profesora mientras pone orden.
Poco a poco se van presentando mis nuevos compañeros de clase, hasta que llega el turno de Nía, y rezo para que diga "HE REPETIDO".
-Mi nombre es Nía Swordlight Angel, tengo 14 años y mis gustos son la música y el arte.
Cuando pronuncia que tiene 14 años me quedo boquiabierta. Estan guapa y tan alta que aparenta dieciséis.
Miro a las demás, Nan y April están tan patidifusas como yo, pero para María parece que no hay ningún problema. Tan atontada estoy que no me doy cuenta de que me toca a mí.
-Ups, me llamo Marry Shelckler y me interesan los animales, nada más.
-Mi nombre es María Whitewolf, tengo 14 años y me gusta los números y construir cosas.
-Me llamo April Forest, tengo 14 años y me encanta la música y leer.
-Mi nombre es Nan Spotlight, tengo 14 años y me encanta la música,  leer y la informática.
  En cuanto terminan las presentaciones, la profesora empieza a echarnos la charla sobre el curso. Cuando termina se va de la clase para darnos un respiro. Entonces la veo, está mirándonos con curiosidad… me pregunto en qué estará pensando.



 























The damned eyes.