jueves, 29 de marzo de 2012

Capítulo 4


Me despierto agitada tras la pesadilla de siempre, estoy empapada de sudor, no se oye ni un alma en mi casa así que doy por supuesto de que ya se han retirado, me siento en la cama con pesadez y miro el calendario, dos hojas pasan y se ve la fecha, quedan dos meses todavía, todavía me queda tiempo para planear algo.
Me pongo las zapatillas con resignación y me dirijo a la ducha, me quito la ropa y la tiro de forma que queda esparcida entre el retrete y el lavabo lejos de la ducha. No me molesto en girar la manecilla de manera que saliera agua caliente, no siento nada así para que gastar energía, pienso.
Un chorro de agua cae sobre mí, mientras imagino la sensación que causaría en mi cuerpo si sintiera frio o calor, en cuestión de segundos un escalofrío(o eso creo) me recorre la columna, algo anda mal, no sé que es pero algo no está como siempre de eso estoy segura, algo esta desequilibrando  mi bonito pueblo.
Salgo de la ducha y me miro al espejo, las curvas de mi cuerpo están bastante pronunciadas, mis largas y delgadas piernas muestran alguna que otra cicatriz, pero ninguna demasiado grande, me doy la vuelta y veo los 12 castigos en mi espalda ya curados pero que habían dejado marca, 12 grandes cicatrices que recorren mi espalda.
Invoco al fuego y por unos instantes me recorre el cabello de forma que queda seco al instante, recojo el arrugado pijama del suelo y me envuelvo en una toalla. Salgo del cuarto de baño y ando dando traspiés por el pasillo debido a que tengo los pies mojados y me resbalo hasta mi habitación. Allí miro la hora y veo que son casi las doce, entonces recuerdo que había quedado a las doce con María y  Marry para que vinieran a recogerme para luego ir a la playa después de todo había que aprovechar el poco tiempo que quedaba de calor.
 Me pongo mi vestido blanco a toda prisa, mis chanclas y cojo como puedo el bolso y la pamela antes de bajar a toda prisa sin desayunar siquiera al jardín para abrir la verja a las chicas que ya estaban ahí esperándome.
-Hola- me dicen las dos a la vez.
-Buenas
-¿Bueno nos vamos ya? Deben estar esperándonos- María una persona bastante puntual,
  parecía estar algo nerviosa por el hecho de llegar tarde.
-Vamos no pasa nada ni que nos fueran a comer por llegar tarde además, ellas también suelen llegar tarde- dice Marry ella siempre va a su aire.
-Además que no puede haber de 80 pasos de mi casa a la playa- rio sin saber el por qué y de ese modo María se relaja, me reído, pienso sorprendida pero de repente recuerdo que eso solo ha sido un reflejo y que eso no ha sido mi verdadera risa.
-¡Venga averigüémoslo!- dice Marry ilusionada.-1, 2, 3,4….79 ¡Ya estamos es verdad, hay 79 pasos!- María y yo nos reímos.
Logramos ver a tres siluetas Nan, April y Lai , esta ultima también es nueva, es de lo mas graciosa, están poniendo la sombrilla, la cual se cae cada dos por tres, esas deben ser, pienso.
Las chicas de inmediato bajan corriendo para reunirse con las demás pero yo me quedo aquí quieta disfrutando la sensación que me provoca la brisa marina al rozarme la piel, cierro los ojos e inspiro el aire salado, doy un paso y percibo un nuevo olor, a vainilla y tomillo, ese olor me trae recuerdos, su cara de niño ruborizada y sus dulces ojos dorados clavados en mi, recuerdo el contacto de su piel contra la mía antes de vernos por última vez ha pasado tanto tiempo desde que no lo veo, mi primer amor, hace 6 años de aquello.
Mi cuerpo se paraliza al sentirlo lejos de mí, pero demasiado cerca para mi gusto, acaba de llegar a la playa esta en las escaleras paralelas a las que estoy yo.
Se encuentra por lo menos a 20 m de mi, bajo atropelladamente las escaleras, no me tope de bruces con el suelo de milagro y corrí en dirección a las chicas.
Nerviosa solté de cualquier manera el bolso y me quite el vestido, dejándolo tirado en la arena, no tarde en llegar al agua y sumergirme para apaciguar mi nerviosismo.
                                                                         ****
Siempre que huyo de algo, más bien de alguien acabo en este pueblo, hace tiempo que no venia por aquí, pero esto me trae recuerdos dolorosos que no quiero desenterrar ahora que había empezado a olvidar.
Reina se encuentra detrás mía se que me ha seguido, la ignoro y sigo andando cuando pasamos al lado del bar Lirio, recuerdo su bebida favorita, batido tropical, nos solíamos meter el uno con el otro porque a mí no me gustaba el tropical y ella odiaba la vainilla.
Me quedo mirando el cristal, en el cristal aparece la imagen de los dos ella con 8 años y yo con 10, nos estamos metiendo como siempre el uno con el otro hasta que por alguna razón que no entiendo ni siquiera ahora, en sus ojos negros aparece un símbolo, coge el papel y escribe la siguiente frase en idioma demoniaco:
                                   “El alma eterna, decidirá cuándo será el fin”
Suspiro, ella siempre fue especial  pero aquello se salió de normal y que digamos ninguno de los dos fue siempre normal.

-Mark…..- Reina parece preocupada, es uno de los elementos, está en práctica yo soy su mentor, ella tiene un año menos que yo, su cabello caoba a capas y corto está recogido en una coleta, va vestida con unos vaqueros ajustados y una camiseta de tirantes, es bastante baja no me llega al hombro medirá 1.55 y poco, se que esta colada por mi, ni intenta disimularlo pero yo, que se le puede decir, todos mis intentos de olvidarla han ido ha fracaso soy fiel a una chica muerta y Reina lo sabe.
-¿Que quieres? Vete a casa anda, quiero estar solo…-dicho esto corro en dirección a la playa, sé que no se dará por vencida así de fácil pero necesito por lo menos unos segundos.
Cuando llego a las escaleras, unas chicas juegan en la orilla, me llega el tímido perfume de rosas, aspiro con fuerza, cierro los ojos  e evoco su imagen una chica bastante alta para tener ocho años, cabello azabache y ojos negros como la misma oscuridad aunque reluce con esplendor.
Me vuelvo y veo algo que me deja totalmente descolocado una chica de cabello azabache, baja corriendo por las escaleras, la sigo con la mirada hasta que llega a las demás chicas y deja las cosas en la arena de forma atropellada y se zambulle en el agua.
Parpadeo varias veces de forma brusca pero la estela que ha dejado la chica en el agua tras zambullirse no se va, además sus cosas siguen en la arena, dispersas. Era su viva imagen tanto que quería  zambullirme junto a ella y sacarla a rastras del mar, para poder contemplar su bella cara.
Me agarro con fuerza a la barandilla hasta tal punto que empieza a agrietarse la vieja madera.
-Mark, tranquilo vas a romper la barandilla- Reina está detrás de mía se mueve nerviosa buscando a alguien que nos haya oído, por suerte las únicas personas de la zona son las chicas y están demasiado lejos para oírnos.
La tensión de mi cuerpo es tal que pegué un salto al oír sonar mi móvil, Paradise de Coldplay resonó por la casi deshabitada playa. Mi madre, resoplo de manera exagerada para librarme un poco de la tensión antes de coger el móvil.
-Mark, ¿dónde estás?,  bueno da igual deja lo que estés haciendo y ve al mundo Joker, tres demonios de nivel S nos están dando guerra, y nada de peros te quiero aquí ¡ya!- La voz de mi madre acelerada y el hecho de que colgó sin esperar una respuesta o queja, me indicó que iba en serio, después del incidente de hace 6 años, nos hemos quedado con menos de la mitad de la familia.
Me vuelvo a Reina, y me giro de nuevo para contemplar por última vez las interminables aguas en las que se había sumergido aquella joven que se parecía tanto a la chica de la que me enamoré con 7 años y que se supone que debería estar bajo la helada tierra de Icicle, el pueblo donde viven los pocos familiares que le quedan.
Observo por el rabillo del ojo a Reina que me mira impaciente, mejor me guardo este secreto para mí, pienso.
-Vamos Reina, nos esperan el mundo Joker.
                                                                       ****
En cuanto dejo de sentir su presencia en la superficie emerjo indecisa, sí, se ha ido él y la chica que la acompañaba, menos mal realmente no quiero volver a la familia no quiero involucrar a nadie más y menos provocar una guerra.
Salgo del agua arrastrando las piernas con pesadez y me dirijo hacia las chicas que están echando una partida de cartas.
-Oye, ni hola ni nada ¿no? Directa al agua- April me mira pidiendo una explicación que no le voy a dar.
-Al menos podías poner tus cosas bien y no soltarlas de cualquier manera- dijo María, al ver que le lanzaba una mirada de indiferencia y me ponía a recoger las cosas, solto un suspiro más bien exagerado.
-Desde cuando os habéis convertido en mi madre, por dios- dije para resaltar que me estaban empezando a molestar.
-O venga haya paz vale, Nía ayúdame  a jugar que no le  he pillado el tranquillo muy bien a esto, y estoy perdiendo, jajaja –dijo Lai, para intentar bajas los humos.
Sonrió fugazmente y me dispongo detrás suya , tiene sus cabellos castaños  cogidos en dos simples coletas y lleva puesto un bikini azul.
-¡Comete esta! muajajjjajajjajaja- dijo María mientras lanzaba un par de cartas.
-De eso nada, mira esto- respondió Marry, realmente pasaban de ser unas madres regañinas a una crías en cuestión de segundos.
Realmente me recuerdan a mi inocencia y la de mis hermanos antes de convertirnos en guerreros, antes de dejar de llorar….
…antes de cruzar la puerta hacia la oscuridad.
                                                                   *****
Hace tiempo que no pasaba una tarde tan tranquila, ni demonios ni más persona rondándome. Después de que me dejaran en mi casa sobre las nueve, me di una ducha y salí de mi casa.
El exterior me recibió con un fuerte viento que traía consigo el dulce olor del prado de delante de mi casa. Me encamino con tranquilidad hacia el bosque donde miles de ojos me observan y esperan. Sasha, mi tigresa no aguanta más y se lanza a por mi, tirándome al suelo y dejándome la cara perdida de babas, aunque estoy tan acostumbrada a sus locos saludos que ya no le doy importancia alguna. Dark, mi pantera de acerca a mí al igual que White una de mis muchas y muchos lobos, estos se acercan sin prisas y cautelosamente, la más cariñosa aparte de Sasha es Ari mi tarántula, todos estos animales me han elegido a mí como yo los he elegido a ellos, ahora son mi familia.
Me siento en la vieja mesa de madera enfrente de la pequeña cabaña de armas, y mis animales empiezan a rodearme lentamente.
-No creen que hace una bonita noche, mis niños- el gruñido de Dark y los aullidos de los lobos confirmaron mi respuesta.
-Tú también lo crees , pequeño espectro maligno- dije, instantes después mi guadaña se materializo en la mesa detrás mía junto a la calavera que colgaba de ella. Aparecieron dos luces rojas dentro de los ojos de la calavera e instantes de después la calavera soltó una irónica y fuerte risotada.
-Ni lo dudes enana, ¿son ya las doce?, estoy impaciente, ¿a quién cortaremos la cabeza hoy?- si tuviera la calavera músculos y piel seguramente estaría haciendo la típica mueca de asesina retorcida.
-100 personas, mundo Craw, ¿quieres algún dato más?
-No, vamos a matarlo ya- las dos reímos, después de todo mi parte retorcida es gracias a ella, gracias a la Reina Suprema de los Demonios, a aquella a quien un día envidió el mismísimo Satanás, Kira la reina de los demonios.