jueves, 10 de noviembre de 2011

Capitulo 3

La suave brisa marina  mece mis cabellos negros de forma tranquila, hoy he venido al puerto para hacer guardia, hoy es sábado ya ha pasado una semana desde que comenzaron las clases, al parecer el capricho que había pillado con esas chicas no era de los que se pasaban pronto.
Pasa una pareja, coquetean y se abrazan, vamos todo lo que hacen los humanos enamorados, ellos no me ven pero yo si a ellos, llevo una capa sin mangas y en el centro un broche con forma de circulo el borde exterior era dorado y en el circulo del centro era una especie de piedra de color rojizo, animarubentis, es una piedra que oculta tu existencia es decir como si tuviéramos la capa de invisibilidad de Harry Potter, en este mundo existe tal novela pero en cambio no existe  la saga de Crepúsculo, esto se debe a que aquí no habita un alma gemela a la de la escritora que escribió este libro, los humanos creen que su alma gemela es humano del sexo opuesto pero para nosotros es un humano que comparte su misma alma  pero en distinto mundo, todos tenemos un alma gemela incluso yo, aunque la verdad no me haría mucha gracia si me la encontrara.
No me parece que haya nadie más, así que me dedico a seguir de cerca a la pareja, la vida de los humanos es de lo más aburrida sobretodo la amorosa, primero cree que encuentran a su pareja para toda la vida y luego rompen, y sufren lo más grande luego vuelven a empezar hasta que encuentran a alguien, se casan y algunos viven felices y otros se engañan entre si y a veces se divorcian, realmente no entiendo el amor, jamás lo he entendido bueno puede que me enamorase de alguien pero de eso hace muchos años.
Pronto dejan de andar y empiezan a enrollarse, besuqueo por aquí besuqueo por allí…
Me vuelvo y salto a la cubierta de un barco y vuelvo a saltar hasta subirme arriba del todo, inspecciono la zona con la mirada y veo el mar en calma, cierro los ojos y me concentro en los sonidos que me trae la brisa, nada pero… olisqueo el aire y indudablemente capto el leve olor de un demonio Leviatán no es muy común en este mundo pero que se le va hacer, tendremos que matarlo…
****
Hoy la mayoría no podíamos quedar así que en vez de quedarme todo el santo día encerrada, he decidido darme una vuelta por el puerto, eso si me he llevado a Blanquita conmigo…
El puerto es un lugar agradable, la brisa marina trae el aire cargado de sal, camino por las calles junto a mi perra, esta corretea y muerde la correa a modo de juego.
Giro en la esquina de mi derecha, ahora a mi derecha se encuentran los barcos y a mi izquierda un montón de cajas alineadas hasta el final del paseo.
Al final del paseo se ve a una pareja enrollándose, tengo que ver de más cerca, pensé, seguí caminando entonces vi como uno de los yates se agitaba de forma inusual, es como si alguien estuviera saltando, pero allí no hay nadie.
Sigo caminando ahora ajena a la pareja, todo tranquilo pero por qué me sentía tan inquieta, como si percibiera algo pero no puedo verlo, comienzo a oír susurros cerca de mí, me giro en redondo, inspecciono mi alrededor no hay nadie y la pareja está demasiado lejos todavía, me digo a mi misma que estoy delirado.
Sigo andando entonces veo que el mar se está agitando, hace unos segundos estaba tranquilo ¿qué está pasando ahora? Entonces el puerto empieza a temblar también, mi perra no sabe bien que pasa y sale corriendo antes de que me dé cuenta, entonces una criatura surge de las profundidades, una especie de serpiente gigantesca con un par de alas en su espalda.
Como un destello aparece una figura envuelta en una capa y con una capucha cubriéndole el rostro, no distingo si es hombre o mujer es como si una espesa neblina le cubriera la cara y además cuando se situó encima de mi mire debajo de su capa y solo vi oscuridad es como si no hubiera nadie dentro…
Me quede tan ensimismada con la figura que no me di cuenta de que el monstruo ya se había lanzado a por la pareja.
La figura con una rapidez felina se movió con destreza esquivando a la serpiente, era como si estuviese bailando,  pero en un momento dado la serpiente le alcanza el costado y se lleva media capa, me vuelvo a ver cómo está la figura y no puedo creer lo que estoy viendo es imposible.
Nía.
Nía se encuentra mal herida con media capa desgarrada y todo el costado sangrando en abundancia, me quedo petrificada observando la escena, los ojos de Nía están clavados en la serpiente, le dirige una mirada fría, muerta, mientras la serpiente escupe el trozo de capa que se le había enganchado en uno de sus afilados y escalofriantes dientes.
Nía, sin temor y sin hacer ninguna muestra de dolor en cuanto a la herida se mueve con astucia y serenidad, con cada paso que da una neblina negra envuelve su mano y cuando se encuentra frente a frente con el monstruo la niebla se disipa dando lugar a una bella katana  de hoja afilada y plateada con una empuñadura negra como el carbón y de ella colgaba un lazo negro medio desgarrado.
La serpiente retrocede confusa pero ya es tarde, en un abrir y cerrar de ojos Nía se encontraba  detrás del monstruo envainando la espada y cuando de oyó un clic la cabeza de la serpiente salió por los aires y su cuerpo inerte comenzó a caer.
Todavía petrificada, no me moví de mi sitio incluso cuando el cuerpo de la serpiente aterrizo a mi lado levantando el polvo de la fachada. Moviéndose sin hacer ruido, como una escurridiza serpiente, Nía se sitúa al lado del cuerpo, y este comienza a arder con intensidad hasta solo quedar cenizas y parte calcinada del cuerpo, en todo ese tiempo yo seguía allí mirándola como si haciendo eso hallara las respuestas a todas las  preguntas que en mi cabeza rondaba .
                                                                    ****
Esto debería valer, abro una grieta dimensional  y lo que queda de cuerpo cae por ella, comienzo a devolver las cosas a su estado anterior retrocediendo el tiempo, cuando por fin acabo encuentro a los dos tortolitos muertos de miedo agarrándose uno al otro, como si les fuera la vida en ello.
Ellos retroceden aterrorizados ante mi presencia, entonces les toco a cada uno la frente y absorbo los recuerdos del acontecimiento, inconscientes los subo a una caja y los pongo de manera que los dos están apoyados uno en el otro, cuando despierten creerán que se habrán dormido sin querer.
Me vuelvo y veo a Marry aterrorizada mirándome, me muevo con calma y cuando llego hasta ella voy a tocarle la frente pero sus palabras me detienen…
-Me has salvado de esa cosa…
Jamás ningún humano me había dicho que le había salvados todos se quedaban aterrorizados o huían. De alguna manera que no me consigo explicar cómo sonreí con tristeza, pero sonreí.
Entonces le toque la frente y absorbí sus recuerdos, la sujete y la deje en el suelo inconsciente, entonces le implante unos recuerdos falsos de que se había chocado con algo y eso la había dejado cao.
Me quito la capa, o lo que queda de ella mas bien, y me cambio de camisa, la herida ya ha sanado.
                                                                   ****
Abro los ojos con dificultad, y me encuentro con la cara de preocupación de Nía, que me había pasado, entonces lo recordé, me había chocado con algo y al parecer Nía me había encontrado así.
-Vaya golpe que te has pegado- dice mientras me ayuda a levantarme- Suerte que no te ha salido ningún chichón ni nada por el estilo.
-Sí, dios que dolor de cabeza- nos ponemos en camino al pueblo y durante un rato permanecimos calladas, hasta que Nía rompió el silencio.
-Anda, que, bueno sabes que ¿por qué no te invito a un batido? ¿Qué te parece?- me lanza una sonrisa rápida, pero igual de rápido que ha aparecido desaparece sin más.
-Genial.
Entramos en la cafetería Lirio, hace los mejores batidos de todos los sabores, que he probado jamás.
-Uno mediano de rubí- pido yo.
-Uno  también mediano de tropical.
La camarera una chica que está en nuestro colegio se marcha, llevándose con ella su falsa sonrisa.
Cuando llegan nuestros pedidos exprimo el sabor de mí batido rubí, en verdad es de fresas y cerezas, esto ayuda en parte a que mi dolor se disipe. Paga Nía, y en cuanto salimos vemos a un hombre mayor al que reconozco como el director del impresionante conservatorio.
En cuanto nos ve a Nía y a mi sé acerca corriendo.
-Nía, te has saltado la sesión de hoy, ¡En que estabas pensando!, eso ha sido muy irresponsable- el hombre se estaba poniendo rojo de rabia, así que decidí apartarme un poco.
-Tranqui, Ronald, he tenido que ir a resolver unos asuntos, además sabes que yo ya se me de memoria todo- su mirada era severa pero se percibía un toque de diversión- Marry será mejor que te vayas tu para tu casa creo que me quedare un rato.
-Vale, ya nos veremos, Adiós.
-Adiós.
Los deje discutiendo y volví a lo mío, estaba muy cansada así que en cuanto llegue a casa, me tumbe en la cama y en seguida me quede dormida…
Oigo ruidos extraños, susurros, entones una serpiente gigante sale de la oscuridad y va hacia mí,  sus escamas son celestes, y tiene dos alas en su espaldas, no puedo evitar que me zampe pero en la oscuridad dentro de la serpiente salen dos ojos negros fríos y vacios…
Me despierto empapada de sudor ya es hora de la cena, bajo dando traspiés y pregunto ¿ que ha sido eso y porque siento como si ya lo hubiera vivido antes, es mas como me resultan tan familiares esos ojos?











The damned eyes.

miércoles, 9 de noviembre de 2011

Capítulo 2


Observo a las cuatro chicas. Los humanos son seres bastantes impredecibles y extraños, pero eso es lo que me gusta de ellos, seres que hacen lo que se les antoja y cuya incomprensión del mundo les lleva a estudiarlo. Eso sí, los humanos también originan parte de los demonios existentes. Su rabia, dolor, ira y su propia maldad les lleva a crear seres que luego atentan contra sus vidas.
De alguna manera aquellas chicas resultan bastante diferentes a los demás humanos, es como si hubiera un vínculo entre ellas desde que nacieron, ya que acaban de conocerse y ya son las mejores amigas del mundo.
Suspiro y vuelvo la vista al frente cuando la chica que se llamaba Marry me mira.
Una de las típicas chicas pijas que se creen súper modelos se me acerca con un aire de lo más glamuroso.
-Buenas, con que Nía, ehh. ¿Por qué no te nos unes?- esta no es la primera vez que una persona se me acerca por mi aspecto. La verdad es que nunca le he dado importancia a mi aspecto, corrijo,  jamás me ha importado)-alguien como tú debió ser la idol en su antiguo colegio.
-Tch, otra pija insoportable. Lo que me faltaba. ¿Por qué no te vas con tus otras clones y dejas en paz a las chicas normales que quieren llevar su vida tranquilamente y no ser tu clon?- le digo mientras intento contener la risa.
Su rostro se le enciende de rabia y se da la vuelta con toda la elegancia del mundo. Sus clones también dan muestras de rabia. Al tener que soportar a todo tipo de pijas he llegado a la conclusión de que hay tres tipos: la controladora, los clones, que carecen de personalidad con lo cual buscan a una de tipo de controladora y esperan que se les pegue algo de ella; y las buenas, es decir, las que son pijas pero son buenas personas. La que me acabo de encontrar es de tipo controladora.
Miro hacia las chicas y me doy cuenta de que se están tronchando de risa con lo que he dicho. Las miro con cara interrogante y a la vez conteniendo la risa. Entonces, una de ellas se acerca a mí, Marry.
-Eso ha sido muy bueno- dice entre risas-¿Quién hubiera pensado que con lo guapa que eres estuvieras en contra de las pijas?
-Gracias por el cumplido. Estoy muy orgullosa de no haber acabado como una descerebrada a la que le gusta ir a la moda.
Al parecer soy una persona divertida, bueno, según ellas, porque si yo me describiera en una palabra diría ~venganza~. Ese es mi único propósito en la vida, mi dulce venganza.
Me obligo a sonreír, para que no reír de forma histérica por los pensamientos que tienen sobre mí, "una chica divertida", "es guapa y a la vez divertida", "no es como las demás".
De alguna forma esas chicas despiertan en mí algo que creía haber perdido seis años atrás, un especie de… cariño, pero en seguida lo descarto. Será que me he encaprichado con estas chicas, sí… eso será.
Pasé el resto del día charlando y haciendo trastadas con ellas. Cuando iba al baño me paraba enfrente del espejo y  siempre surgía una pregunta: "¿La del espejo soy yo?". De alguna forma este encaprichamiento me había dibujado una sonrisa en la cara.
Toca el timbre. Me dispongo a recoger cuando Marry y María se me acercan.
-Oye, ¿qué vas hacer esta tarde? ¿Puedes quedar?- seguramente pueda. Y si fuera por mí les diría que sí, pero hay un problema llamado Ronald, el director.
-Lo siento, tengo cosas que hacer. Ya nos vemos mañana- me separo de ellas y pongo rumbo a la clase de mi hermano. Cuando llego a su clase, veo que mi hermanito ya se ha hecho bastante popular. Mi hermano se vuelve y hace un gesto para que espere. Las chicas se vuelven hacia mí y me miran con cara de envidia. Al parecer la gente me consideraba una chica bastante guapa aunque, la verdad, eso no me importa lo más mínimo. Todos en mi familia tenemos una especie de belleza extraordinaria y, además, nunca hemos sido normales y nunca lo seremos.
Cuando ven que Kidz se va conmigo su envidia crece hasta que mi hermano deja claro que soy su hermana, y entonces el alivio se les graba en la cara.
Llegamos a casa y, como mi madre estará todo el día fuera, me dispongo a preparar la comida, y mientras la hago me acuerdo de ellas. Todavía tengo ese capricho rondándome por la cabeza, tengo ganas de llamarlas y decirles que sí quiero quedar, pero mi deber es lo primero.
Cuando terminamos de comer, me dirijo a la caseta de música y cojo mi violín. Durante unos instantes me quedo mirando el hueco que había ocupado nuestro antiguo piano de cola. Lo añoro. Cuando era pequeña me solía sentar al lado de mi madre y tocaba bellas canciones.Su color blanco le daba un aire de pureza y dulzura... pero ya no está aquí, se lo llevó él.
Cierro la verja tras de mí y me encamino al conservatorio. El viejo director odia que la gente llegue tarde. Cuando tocamos aparenta ser un tipo duro pero desde que lo conozco siempre ha sido una buena persona a la que le encantan los niños, y sobretodo los que tocan música. Yo soy una de esas personas, me apunté al conservatorio cuando tenía cinco años, si no mal recuerdo. Fue el día de mi cumpleaños, ese fue el regalo de mi madre.
Llego en cuestión de minutos y lo veo parado enfrente del edificio hablando con alguien. Agudizo mi oído y capto la conversación. Bueno, más bien una discusión que se está volviendo cada vez más acalorada. No me extrañaría que el joven, o más bien el adulto con el que está hablando el director le pegue un puñetazo en cualquier momento. Y al ser el director un padre para mí toso de forma pronunciada para que capten mi presencia.
-Nía, ya veo que has llegado puntual. Bueno... demasiado puntual. Da igual, ve a la sala y empieza a practicar. Afina tu violín o lo que quieras, tengo asuntos que tratar con este joven- está conteniendo el enfado, pero no tardará en salir si ese tío sigue aquí durante un rato.
-Tranqui viejo o te dará un infarto- muevo los brazos en forma de rendición y empiezo a subir las escaleras cuando me llega un dulce aroma de vainilla y muy por debajo de ese aroma descubrí un fino olor a metal, un dios, ese tío era un dios en toda regla, estuve a punto de volverme, plantarle un puñetazo en la cara y torturarle hasta que me diga el motivo de por qué está aquí, que casi me tropiezo, pero me dije- Tranquila, Nía.-
Cuando llego a la sala de prácticas veo que nada ha cambiado, la estancia desprecia un olor a muebles viejos y a madera de arce, seguía estando escasamente decorada, solo el armario de instrumentos, el viejo armario de cristal donde están las fotos de los ex alumnos y el viejo piano de cola negro, me siento en una silla cerca del piano y saco mi violín blanco. Tengo dos violines, este y uno negro.
Empiezo a tocar pequeños fragmentos del concierto de Beethoven para violín, en este mundo Mozart no existe, es una de los genios musicales que en este mundo no ha llegado a ver la luz, cuando estoy sola en casa me paso la mayoría del tiempo tocando obras de Mozart.
Llegan un grupo de alumnos, que se quedan expectantes mientras toco, para mí la música era como hablar, de algún modo sabía que mediante la música podía sincerarme.
Pronto llega el director, esta rojo como un tomate de rabia, parecía que ese dios le había tocado las narices de lo lindo.
-Como ven, esta es nuestra nueva violinista y pianista, Nia Sworlight- me dirigió una breve mirada y atravesó la estancia hasta llegar al piano, se gira- Vamos a interpretar el concierto de Tchaikovski.
Todo el mundo empezó a sacar sus instrumentos y sus partituras, un chico que debía tener por lo menos 20 años me ofreció una partituras pero las rechacé, mi madre desde pequeña me obligó a aprenderme todas las obras de la música clásica, da igual de quienes  fueran, el chico me miró como si estuviera loca o fuera una suicida, cuando comenzamos a tocar, mis manos se deslizaron por el instrumento como si mis dedos fueran unos bailarines elegantes y las cuerdas de mi violín fueran la pista de baile.
Cuando terminamos de practicar, ya era sobre las siete, creo que deje bastante claro a las demás violinistas que tenía un don sobre la música que ellas no tienen, sobre todo mis gestos y mi forma de tocar el violín, cuando éramos pequeños, en los días especiales o simplemente cuando estábamos de buen humor, tocábamos y bailábamos por el campo de flores, dejándonos que la música fluyera por nuestros cuerpos.
Ronald se acerca a la cristalera y saca un marco de fotos, allí estaba yo con cinco años, mis ojos brillaban con inocencia y sonreía de verdad, algo que ya no puedo hacer, aquella niña para mi había muerto hace seis años, para mí y para la mayoría del mundo.

 








The damned eyes.